Partido(s) cuesta abajo

15 de junio – Antonio Correa – Noticia

Con las elecciones municipales ya encima, y la elección presidencial y parlamentaria a la vuelta de la esquina (y al parecer, ya desatada), el descrédito y el malestar social parece no distinguir color político. A la baja aprobación en las encuestas, se está sumando el fenómeno de las funas contra autoridades. Una respuesta ciudadana que debe levantar las alarmas por el cauce que pueda tomar.

En una democracia representativa, los partidos políticos cumplen el rol de traducir las aspiraciones sociales en propuestas políticas razonables y sustentables. Son mediadores entre las demandas y la realidad, liderando los procesos de cambios. Pero para liderar, hace falta credibilidad, y no es necesario ahondar en explicar que hoy no cuentan con ella. El problema es que parece que tampoco quieren tenerla.

En el último tiempo, como si no bastara el descrédito a la política, los partidos se siguen disparando en los pies. La izquierda sumó al papelón de la inscripción de sus candidatos a las primarias municipales, la nula explicación y reacción ante el escándalo de las jubilaciones millonarias en que se vieron involucradas partes de sus filas. Aunque los partidos de Chile Vamos hubieran podido aprovechar estos momentos de debilidad, han seguido mandando un mensaje equivoco: fue noticia la pelea por las candidaturas en la comuna de La Reina y el triste espectáculo brindado por la UDI en Las Condes designando a dedo a Joaquín Lavín (mandado de pasada el mensaje de que esa comuna es “suya”, como si eso fuera razonable en nuestra sociedad). Como se ve, en vez de soluciones que tengan en consideración el contexto social, los partidos y las autoridades parecen seguir ensimismadas en las mismas prácticas que los han llevado a esta situación.

La pelotera es tal, que no es difícil imaginar que surja algún iluminado externo a la tradición de los partidos que logre agrupar tras de si el descontento social (algo así como una versión mejorada de Parisi en la última elección presidencial). Es por ello que las primarias son un espacio fundamental, tanto para la derecha como para la izquierda, pero más aún para la salud de nuestra política: será una instancia que permitirá discutir cómo mediar el descontento actual, incluyendo las distintas corrientes, y enriqueciendo sus propuestas; al mismo tiempo que permite cortarle las alas y encauzar posibles opciones que se ven tentadas a ir por fuera.

Es necesario que existan más espacios que conciten la atención nacional, como los debates presidenciales de primarias, donde se pongan sobre la mesa distintas alternativas y alcancen a ser digeridas por el ciudadano común y corriente. En este sentido, es importante que los expresidentes que han coqueteado con la idea de competir en la próxima elección -Lagos y Piñera- se decidan de una vez a comprometerse con el mecanismo legal que implica una primaria nacional. Esto, porque como dijo el Presidente Piñera, “no hay democracia sana con una política enferma”, y la ley de primarias, contribuye a “generar un reencuentro que le hace bien a la democracia y al país”. Poner la pata encima, negándose a primarias, puede ser contraproducente y volverse en su contra. Es necesario que hagan oídos a la necesidad de inclusión, si acaso no lo hacen a las funas que ellos mismos han sufrido.