Pensiones desde la trinchera

15 de junio – Antonio Correa – Noticia

Varios pueden haberse sorprendido por la marcha que se realizó el domingo recién pasado contra el sistema de AFP, pero la crítica que la motivó no es nueva, como tampoco lo es la incapacidad de ciertos sectores para anticipar escenarios como este. Hace un buen tiempo que se venía incubando una insatisfacción respecto de esta situación.

Al analizar el actual sistema de AFP y compararlo con uno de reparto (aquellos en que los trabajadores activos pagamos la pensión de quienes han jubilado), el primero sale mejor parado. La tentación es responder a una marcha como la del domingo diciendo que el sistema de reparto ha llevado a la quiebra a algunos países y que la pirámide poblacional se ha invertido (lo que lo hace inviable). Todo eso es cierto, pero al mismo tiempo, nada de eso ataca el real problema que enfrentamos, porque la inquietud de quienes se movilizan no es tener de vuelta el reparto, sino constatar que no se cumplió la promesa de igualar la jubilación a algo cercano al último sueldo.

Parte de la salida a este conflicto está en comprender que no todo son números, y que el descontento es real y en parte justificado. Negar toda falencia y defender ciegamente un sistema que es perfectible, como cualquiera, bordea lo temerario, pues esa incapacidad de diálogo le deja en bandeja dicha insatisfacción a quien tenga la voluntad política para conducirla (o instrumentalizarla). Algo semejante ocurrió cuando se abandonó cualquier intento de empatizar con el descontento que existía ante nuestro sistema educacional y, en parte por ello, éste fue canalizado hacia la demanda de gratuidad.

La discusión tiene mucho de estratégico, de empatía, de escoger bien las palabras, y de no terminar aceptando todo a la fuerza. No puede ser que las únicas propuestas sean siempre apuntar a la responsabilidad de los cotizantes: evitar las lagunas previsionales, aumentar la edad de jubilación de la mujer y obligar a cotizar un mayor porcentaje del sueldo, por ejemplo. Se transmite el mensaje de que las AFP son perfectas, cuando han abundado las propuestas técnicas y también las sugerencias internas. Hace más de dos años que el presidente de una AFP señalaba que el problema en parte era uno de imagen, de desprestigio, anticipando que la salida estaba en hacerse parte de las soluciones de manera propositiva y que al sistema se le complicaría resistir la presión si seguía igual.

El proceso de reforma constitucional puede servir de ejemplo: varios deben ser los arrepentidos de haber defendido tan apasionadamente que la Constitución debía seguir llamándose del 80, luego de las reformas del año 2005. Hoy no se escatiman esfuerzos para demostrar que las distintas reformas la modificaron sustancialmente, a tal nivel, que ya no sería la Constitución del 80.

¿Qué posiciones en el debate sobre el sistema de pensiones responden a gustos e intransigencias? Si seguimos igual, sin una visión de sociedad, no deberíamos sorprendernos por el resultado, es cosa de mirar como avanza el proceso constituyente impulsado por el gobierno: lento pero firme; sin encontrar una respuesta capaz de hacerlo dialogar, pero que tampoco ha generado gran entusiasmo en la mayoría de la sociedad.